terça-feira, 23 de fevereiro de 2010
Pesquisa independente sobre milho ogm está sendo feita no Brasil
terça-feira, 24 de novembro de 2009
Cientistas independentes são perseguidos por empresas de transgênicos
sexta-feira, 29 de maio de 2009
Pesquisa sobre transgênicos - Participe!
Gostaríamos de saber o que você sabe, suas dúvidas e o que você procura sobre transgênicos, para podermos melhorar o foco do blog. Está disponível uma enquente sobre os organismos geneticamente modificados. São apenas 13 questões super rápidas.Entre, participe e divulgue!
Pesquisa sobre transgênicos
segunda-feira, 25 de maio de 2009
Associação Americana de Medicina Ambiental: OGMs são um sério risco à saúde
Documento divulgado pela Academia Americana de Medicina Ambiental alertou que "os produtos transgênicos representam um sério risco à saúde", "nas áreas da toxicologia, alergias, funções imunológicas, saúde reprodutiva, metabolismo, fisiologia e saúde genética". Além disso, informa que "Há mais do que uma associação casual entre os alimentos transgênicos e os efeitos adversos à saúde". "Vários estudos em animais mostraram que os alimentos geneticamente modificados causam danos a vários sistemas orgânicos no corpo."
O relatório termina pedindo que médicos alertem seus pacientes, a comunidade médica e o público para que evitem os alimentos geneticamente modificados e que os considerem nas doenças dos seus pacientes; e uma moratória sobre os alimentos geneticamente modificados.
quinta-feira, 21 de maio de 2009
BIBLIOTECA SOBRE TRANSGÊNICOS
digital com mais de 500 trabalhos sobre transgênicos e agricultura.
Os arquivos estão classificados por temas e são de fácil consulta - tanto podem ser visualizados como descarregados.
Acesse agora a biblioteca sobre transgênicos da Plataforma Transgênicos Fora.
Palestra de Jeffrey Smith - comentários
As palestras foram excelentes. Mohamed Habib discursou sobre os desafios mais importantes para o novo milênio, no quesito transgênicos. Dentre eles, é preciso haver o reconhecimento do papel da pesquisa científica para avaliação de riscos e, a importância de se respeitar o princípio da precaução.terça-feira, 14 de abril de 2009
Glifosato causa deformações em fetos (mesmo em doses ínfimas)
Estudo realizado pela Faculdade de Medicina da UBA de Buenos Ayres, com glifosato em doses ínfimas, em embriões anfíbios (que são totalmente comparáveis com os que ocorreriam no desenvolvimento do embrião humano) causou deformações neuronais, intestinais e cardíacas. Andrés Carrasco, um dos pesquisadores disse que "isso tem a ver com a forma como essas células se dividem e morrem". Além critcou a atitude das empresa "que dizem que beber um copo de glifosato é mais saudável do que beber um de leite, mas o certo é que nos usaram como cobaias".Na Argentina, a soja transgênica ocupa 17 milhões de hecatres e é comercializada pela Monsanto, assim como o glifosato.
O estudo recorda que o uso de agrotóxicos na soja obedeceu a uma decisão política, que não foi baseada em pesquisas científicas-sanitárias e "que a ciência está sendo guiada pelos interesses econômicos e não pela verdade e para o bem-estar das pessoas".
Abaixo, texto retirado do jornal El País de 13 de abril, reportagem de Darío Aranda.
Las comunidades indígenas y los movimientos campesinos denuncian desde hace una década los efectos sanitarios de los agrotóxicos sojeros. Pero siempre chocaron con las desmentidas de tres actores de peso, productores (representados en gran parte por la Mesa de Enlace), las grandes empresas del sector y los ámbitos gubernamentales que impulsan el modelo agropecuario. El argumento recurrente es la ausencia de “estudios serios” que demuestren los efectos negativos del herbicida. A trece años de fiebre sojera, por primera vez una investigación científica de laboratorio confirma que el glifosato (químico fundamental de la industria sojera) es altamente tóxico y provoca efectos devastadores en embriones. Así lo determinó el Laboratorio de Embriología Molecular del Conicet-UBA (Facultad de Medicina) que, con dosis hasta 1500 veces inferiores a las utilizadas en las fumigaciones sojeras, comprobó trastornos intestinales y cardíacos, malformaciones y alteraciones neuronales. “Concentraciones ínfimas de glifosato, respecto de las usadas en agricultura, son capaces de producir efectos negativos en la morfología del embrión, sugiriendo la posibilidad de que se estén interfiriendo mecanismos normales del desarrollo embrionario”, subraya el trabajo, que también hace hincapié en la urgente necesidad de limitar el uso del agrotóxico e investigar sus consecuencias en el largo plazo. El herbicida más utilizado a base de glifosato se comercializa bajo el nombre de Roundup, de la compañía Monsanto, líder mundial de los agronegocios.
El Laboratorio de Embriología Molecular cuenta con veinte años de trabajo en investigaciones académicas. Funciona en el ámbito de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Es un espacio referente en el estudio científico, conformado por licenciados en bioquímica, genética y biología. Durante los últimos quince meses estudió el efecto del glifosato en embriones anfibios, desde la fecundación hasta que el organismo adquiere las características morfológicas de la especie.
“Se utilizaron embriones anfibios, un modelo tradicional de estudio, ideal para determinar concentraciones que pueden alterar mecanismos fisiológicos que produzcan perjuicio celular y/o trastornos durante el desarrollo. Y debido a la conservación de los mecanismos que regulan el desarrollo embrionario de los vertebrados, los resultados son totalmente comparables con lo que sucedería con el desarrollo del embrión humano”, explica Andrés Carrasco, profesor de embriología, investigador principal del Conicet y director del Laboratorio de Embriología.Para saber mais sobre os transgênicos na Argentina, acesse o Partido Pirata Argentino
El equipo de investigadores dice que las diluciones recomendadas para la fumigación por la industria agroquímica oscilan entre el uno y el dos por ciento de la solución comercial (cada un litro de agua, se recomienda 10/20 mililitros). Pero en el campo es sabido –incluso reconocido por los medios del sector– que las malezas a eliminar se han vuelto resistentes al agrotóxico, por lo cual los productores sojeros utilizan concentraciones mayores. El estudio afirma que en la práctica cotidiana las diluciones varían entre el diez y el treinta por ciento (100/300 mililitros por litro de agua).
Utilizando como parámetros de comparación los rangos teóricos (los recomendados por las compañías) y los reales (los usados por los sojeros), los resultados de laboratorio son igualmente alarmantes. “Los embriones fueron incubados por inmersión en diluciones con un mililitro de herbicida en 5000 de solución de cultivo embrionario, que representan cantidades de glifosato entre 50 y 1540 veces inferiores a las usadas en los campos con soja. Se produjo disminución de tamaño embrionario, serias alteraciones cefálicas con reducción de ojos y oído, alteraciones en la diferenciación neuronal temprana con pérdida de células neuronales primarias”, afirma el trabajo, que se dividió en dos tipos de experimentación: inmersión en solución salina y por inyección de glifosato en células embrionarias. En ambos casos, y en concentraciones variables, los resultados fueron rotundos.
“Disminución del largo del embrión, alteraciones que sugieren defectos en la formación del eje embrionario. Alteración del tamaño de la cabeza con compromiso en la formación del cerebro y reducción de ojos y de la zona del sistema auditivo, que podrían indicar causas de malformaciones y deficiencias en la etapa adulta”, alerta la investigación, que también avanza sobre efectos neurológicos graves: “(Se comprobaron) Alteraciones en los mecanismos de formación de neuronas tempranas, por una disminución de neuronas primarias comprometiendo el correcto desarrollo del cerebro, compatibles con alteraciones con el cierre normal del tubo neural u otras deficiencias del sistema nervioso”.
Cuando los embriones fueron inyectados con dosis de glifosato muy diluido (hasta 300.000 veces inferiores a las utilizadas en las fumigaciones), los resultados fueron igualmente devastadores. “Malformaciones intestinales y malformaciones cardíacas. Alteraciones en la formación y/o especificación de la cresta neural. Alteraciones en la formación de los cartílagos y huesos de cráneo y cara, compatible con un incremento de la muerte celular programada.” Estos resultados implican, traducido, que el glifosato afecta un conjunto de células que tienen como función la formación de los cartílagos y luego huesos de la cara.
“Cualquier alteración de forma por fallas de división celular o de muerte celular programada conduce a malformaciones faciales serias. En el caso de los embriones, comprobamos la existencia de menor cantidad de células en los cartílagos faciales embrionarios”, detalla Carrasco, que también destaca la existencia de “malformaciones intestinales, principalmente en el aparato digestivo, que muestra alteraciones en su rotación y tamaño”.
La soja sembrada en el país ocupa 17 millones de hectáreas de diez provincias y es comercializada por la empresa Monsanto, que vende las semillas y el agrotóxico Roundup (a base de glifosato), que tiene la propiedad de permanecer extensos períodos en el ambiente y viajar largas distancias arrastrados por el viento y el agua. Se aplica en forma líquida sobre la planta, que absorbe el veneno y muere en pocos días. Lo único que crece en la tierra rociada es soja transgénica, modificada en laboratorio. La publicidad de la empresa clasifica al glifosato como inofensivo para al hombre.
Como todo herbicida, está conformado a partir de un ingrediente “activo” (en este caso el glifosato) y otras sustancias (llamadas coadyuvantes o surfactantes, que por secreto comercial no se especifican en detalle), cuya función es mejorar su manejo y aumentar el poder destructivo del ingrediente activo. “El POEA (sustancia derivada de ácidos sintetizados de grasas animales) es uno de los aditivos más comunes y más tóxicos, se degrada lentamente y se acumula en las células”, acusa la investigación, que describe el POEA como un detergente que facilita la penetración del glifosato en las células vegetales y mejora su eficacia. Investigadores de diversos países han centrado sus estudios en los coadyuvantes (ver aparte) y confirmado sus consecuencias.
En el estudio experimental del Conicet-UBA (según sus autores, el primero en investigar los efectos del herbicida y el glifosato puro en el desarrollo embrionario de vertebrados), se focaliza en el elemento menos estudiado y denunciado del Roundup. “El glifosato puro introducido por inyección en embriones a dosis equivalentes de las usadas en el campo entre 10.000 y 300.000 veces menores, tiene una actividad específica para dañar las células. Es el responsable de anomalías durante el desarrollo del embrión y permite sostener que no sólo los aditivos son tóxicos y, por otro lado, permite afirmar que el glifosato es causante de malformaciones por interferir en mecanismos normales de desarrollo embrionario, interfiriendo los procesos biológicos normales.”
Carrasco rescata las decenas de denuncias –y cuadros clínicos agudos– de campesinos, indígenas y barrios fumigados. “Las anomalías mostradas por nuestra investigación sugieren la necesidad de asumir una relación causal directa con la enorme variedad de observaciones clínicas conocidas, tanto oncológicas como de malformaciones reportadas en la casuística popular o médica”, advierte el profesor de embriología.
La investigación recuerda que el uso de agrotóxicos sojeros obedeció a una decisión política que no fue basada en un estudio científico-sanitario (“es inevitable admitir la imperiosa necesidad de haber estudiado éstos, u otros, efectos antes de permitir su uso”), denuncia el papel complaciente del mundo científico (“la ciencia está urgida por los grandes intereses económicos, y no por la verdad y el bienestar de los pueblos”) y hace un llamado urgente a realizar “estudios responsables que provengan mayores daños colaterales del glifosato”.
terça-feira, 10 de março de 2009
Monsanto quer algodão Bollgard Roundup Ready neste ano no Brasil
Monsanto espera que o seu algodão Bollgard RR (resistente ao ataque de insetos e tolerante ao herbicida Roundup) seja aprovado no Brasil em 2009. A meta é colocar em comercialização em 2010.Já foram 5 os transgênicos da Monsanto aprovados pela CTNBio.
sexta-feira, 20 de fevereiro de 2009
Empresas de Biotech impedem pesquisas independentes
quarta-feira, 7 de janeiro de 2009
Monsanto cresce 117% em relação ao ano passado
Segundo a companhia, os lucros por ação deverão se situar na faixa entre US$ 4,40 a US$ 4,50 quando a estimativa anterior era de US$ 4,20 a US$ 4,50. No primeiro trimestre fiscal do ano de 2009, a Monsanto obteve lucro líquido de US$ 556 milhões, um crescimento de 117% em relação ao mesmo período do ano passado quando o lucro fora de US$ 256 milhões. "A contínua demanda pelos nossos produtos possibilitou que a Monsanto obtivesse resultados sólidos", declarou o presidente e diretor executivo da companhia, Hugh Grant.
Segundo Grant, a empresa destacou-se principalmente na América Latina, o que gerou confiança para o aumento do guidance para este ano e o início dos compromissos em aumentar os lucros no ano de 2012. 'Com os progressos mais recentes, estamos ansiosos para superar os agricultores empresariais', finalizou Grant. (Gazeta Mercantil)
"Trabalhamos com células de recém-nascidos com quantidades do produto 100.000 vezes inferiores com as quais qualquer jardineiro comum está em contato. O Roundup programa a morte das células em poucas horas", declarou à cientista francês Gilles-Eric Séralini, professor de biologia molecular, autor do estudo publicado pela revista Chemical Research in Toxicology.
"Os riscos são principalmente para as mulheres grávidas, mas não apenas para elas", acrescentou o pesquisador do Comitê de Pequisa e Informação Independente sobre Engenharia Genética (Crii-gen).
Da alergia ao câncer, quando é maior a fragilidade da pessoa, maior é o risco, acrescentou. (G1)
sexta-feira, 12 de dezembro de 2008
Mais um estudo comprova a contaminação do milho criolo no México
A biosegurança do milho no México está em alerta. Um estudo molecular feito por pesquisadores mexicanos, americanos e holandeses demonstrou a presença de genes provenientes de organismos geneticamente modificados (OGM) entre as variedades de milho tradicionais cultivadas na região de Oaxaca, no sul do país. Deve-se lembrar que o governo mexicano manteve até agora uma moratária sobre a utilização de sementes transgênicas.
Na sua obra, O Mundo Segundo Monsanto (Ed. Radical Livros), Marie-Monique Robin conta sobre a armação que M. Chapela foi vítima, graças a empresa dominante no mercado dos trasgênicos. Nature publicou uma retratação, dizendo que o artigo dos dois biólogos era insuficientemente apoiado.
Mas dados preliminares indicam que um terço das sementes Pioneer está contaminado pelos OGM, e a Monsato conseguiu impedir qualquer tipo de rotulagem para distinguí-las na venda.quarta-feira, 23 de abril de 2008
Pesquisa: Impactos Potenciais da Tecnologia Terminator
A Campanha Terminar Terminator publicou uma pesquisa sobre os Impactos Potenciais da Tecnologia Terminator no Brasil. Abaixo o texto:"Pesquisa: Impactos Potenciais da Technologia Terminator
Angela Cordeiro, Julian Perez, Maria José Guazzelli
Florianópolis, dezembro de 2007
Pesquisa contratada ao Centro Ecológico pelo Grupo ETC
Nas últimas duas décadas, a base tecnológica utilizada na agricultura passou por grandes transformações, colocando sérios desafios para a conservação dos recursos genéticos e para o futuro da segurança alimentar. Entre as inovações, destaca-se a tecnologia de restrição de uso genético (GURT), a qual produz sementes estéreis e/ou inibe funções vitais das plantas, eliminando o direito ancestral dos agricultores multiplicarem suas sementes.
Considerando as sérias implicações que este tipo de tecnologia traz para a produção de alimentos e para a conservação da biodiversidade, o tema vem sendo debatido em diferentes fóruns internacionais. Em 2003, o Grupo Técnico de Especialistas contratado pelas Nações Unidas avaliou os impactos potenciais das GURTs sobre agricultores familiares, camponeses e comunidades tradicionais e concluiu que os impactos negativos superam os impactos positivos, caracterizando-se como uma forte ameaça à soberania e à segurança alimentar destas comunidades. A 8a Conferência das Partes da Convenção sobre Diversidade Biológica, realizada em Curitiba, em março de 2006, reiterou decisões anteriores, mantendo restrições à tecnologia Terminator.
Este documento apresenta o resultado de uma consulta a agricultores brasileiros sobre os impactos da tecnologia Terminator na sua atividade. A primeira parte traz uma contextualização do mercado brasileiro de sementes, incluindo informações sobre o perfil da agricultura brasileira, a evolução do setor sementeiro, os principais atores no mercado e uma estimativa de custo caso os brasileiros fossem obrigados a adquirir 100% da semente necessária para atender à demanda de plantio de milho e de soja.
A segunda parte apresenta sete entrevistas com pequenos e médios agricultores de diferentes localidades das regiões Nordeste, Centro-Oeste e Sul do Brasil. Estes produtores cultivam soja e/ou milho, em áreas que variam de 2 a 200 hectares. As entrevistas descrevem o sistema de produção, a origem das sementes utilizadas e a opinião dos agricultores sobre os potenciais impactos da tecnologia Terminator. A terceira parte traz considerações finais quanto aos possíveis impactos da concentração do setor de sementes e, especialmente, da tecnologia Terminator sobre a autonomia e renda dos agricultores, a agrobiodiversidade e a soberania alimentar, em um processo que afeta a sociedade como um todo.
Espera-se que os testemunhos aqui registrados, junto com outros que estão sendo levantados por colaboradores do Grupo ETC em outras países do mundo, sejam fonte de inspiração para a 9a. Conferência das Partes da CDB que será realizada em Berlim, em 2009. Certamente, o tema das sementes Terminator voltará à agenda. Que se ouça a voz dos agricultores."
A pesquisa pode ser baixada integralmente aqui.
quarta-feira, 2 de abril de 2008
Orgânicos X Transgênicos - A gente não quer só comida
29/10/2006 - FOLHA DE SÃO PAULO. Seria ingênuo supor que a polarização entre transgênicos e orgânicos esteja fundada em uma disputa apenas técnico-científica. Trata-se, mais do que tudo, de uma questão de poder. A agroecologia, por suas características concretas, não facilita a concentração de poder assim como não favorece o estabelecimento de monopólios, patentes e pacotes tecnológicos.
Orgânicos X Transgênicos - A gente não quer só comida
Por JOSÉ AUGUSTO PÁDUA, professor do departamento de história da Universidade Federal do RJ e autor de "Um Sopro de Destruição".
Publicado na Folha de São Paulo em 29/10/2006.
"A ciência descobre, a tecnologia executa, o homem obedece". As palavras escritas no portal da Feira Mundial de Chicago, em 1933, sintetizam a postura submissa que ainda caracteriza a relação de importantes setores da opinião pública contemporânea com as inovações tecnológicas.
No vazio das antigas certezas religiosas, a ciência tornou-se para muitos a única fonte confiável de verdade. É irônico observar, porém, que o próprio movimento da modernidade global age no sentido de dissolver a aura de devoção construída em torno do complexo ciência & tecnologia.
O número cada vez maior de pessoas escolarizadas, a velocidade e a intensidade dos meios de comunicação, o estabelecimento de múltiplos espaços para o confronto de opiniões vêm contribuindo para gerar sociedades que discutem cada vez mais seu presente e futuro.
O que está sendo discutido, na verdade, não são os limites da ciência, mas sim o alcance da democracia na alta modernidade. Nesse sentido, a surpreendentemente forte reação de diversos atores sociais aos alimentos transgênicos, especialmente dos consumidores europeus, representa um caso paradigmático.
A pressão democrática para que a produção de organismos geneticamente modificados seja debatida de forma intensa e transparente, com uma moratória no seu uso, contribui para dar visibilidade aos condicionantes econômicos que controlam grande parte da atual pesquisa técnico-científica.
E serve também para expor o uso da ideologia da pureza do progresso científico como instrumento para justificar decisões empresariais fundadas em objetivos bem menos etéreos, tais como o aumento dos lucros e o controle dos mercados.
Princípio de precaução
Não se trata de coibir a pesquisa acadêmica. O esforço de politização das novas tecnologias, com exceção de algumas poucas vozes especialmente radicais, não passa pela defesa de uma censura da investigação teórica ou experimental.
O problema está na difusão social precoce, por motivos calcados essencialmente na busca por poder econômico, de técnicas perigosas que ainda estão sob intenso debate científico. Ou seja, uma clara violação empresarial do chamado "princípio da precaução", que estabelece, diante da incerteza, que não se devem adotar atividades ou técnicas cujas conseqüências, se negativas, podem ser irreversíveis ou além da nossa capacidade de controle.
Os organismos geneticamente modificados, na medida em que são seres vivos, podem mesclar-se com outros organismos e penetrar nas cadeias ecológicas planetárias, reproduzindo-se de forma descontrolada. É tolice, pois, associar os transgênicos à modernidade e os orgânicos ao arcaísmo.
No setor da produção orgânica, por exemplo, que está crescendo como uma alternativa ao modelo transgênico, existe hoje um grande investimento científico. Não se trata de aceitar passivamente os movimentos da natureza, mas sim de buscar ativamente, por meio de um conhecimento ecológico fino e sofisticado, formas de potencializar a produtividade e a capacidade de sustentação das lavouras.
Mas seria ingênuo supor que a polarização entre transgênicos e orgânicos esteja fundada em uma disputa apenas técnico-científica. Trata-se, mais do que tudo, de uma questão de poder. A agroecologia, por suas características concretas, não facilita a concentração de poder assim como não favorece o estabelecimento de monopólios, patentes e pacotes tecnológicos.
A gestão ecológica da agricultura requer desenhos locais, que dialoguem com as condições específicas de cada domínio do território. Seus insumos, além disso, são renováveis e recicláveis.
No núcleo da pressão pelos transgênicos se encontra a fome de poder de um número restrito de enormes conglomerados empresariais, que, no limite, buscam usar as novas tecnologias para dominar a oferta de sementes e reduzir a autonomia dos agricultores e, por extensão, das sociedades.
É assustador imaginar um futuro em que algo tão vital como as sementes -assim como as fontes da alimentação em geral- estejam nas mãos de pouquíssimas corporações. O consumidor, ao optar pelo que comer e por qual modelo favorecer, pode estar fazendo política no mais alto grau.
http://www.aspta.org.br/por-um-brasil-livre-de-transgenicos/artigos/organicos-x-
transgenicos-a-gente-nao-quer-so-comida-artigo-de-jose-augusto-padua
A Questão dos Transgênicos e a CTNBio
1 DE DEZEMBRO DE 2006
http://www.vermelho.org.br/base.asp?texto=10665
Algumas considerações
Como é sabido, a partir de meados dos anos 90, a multinacional Monsanto encontrou plenas condições para praticar intenso lobby em torno da soja RR (Roundup Ready), biotecnologicamente dotada de resistência ao herbicida Roundup, à base de glifosato.
Foi dessa forma que, através de um processo repleto de irregularidades, conseguiu que a Comissão Técnica Nacional de Biossegurança (CTNBio), sua aliada, lhe concedesse primeiro um parecer favorável à liberação da RR no país (24 de setembro de 1998) e em seguida (17 de maio de 1999) o registro de cinco variedades.
Ocorria que a CTNBio, atuando sob a batuta do seu presidente de então, o Dr. Barreto de Castro, no ritmo açodado imposto pela multinacional, concordara em dispensar o Estudo de Impacto Ambiental (EIA) e o respectivo Relatório de Impacto no Meio Ambiente (RIMA). Não levara em conta tratar-se de dados exigidos pelo inciso IV do artigo 225 da Constituição de 1988, justamente para avaliar a resposta do nosso agroecossistema, com suas peculiaridades, a uma intervenção como aquela que se projetava.
Ou seja, submissamente, a CTNBio aceitava como suficientes as pesquisas ambientais já feitas nos Estados Unidos e sob a influência da parte interessada. Porém, no dia 21 de junho de 1999, o Dr. Souza Prudente, juiz da 6ª Vara da Justiça Federal de Brasília, acolhia o parecer do Ministério Público, baseado em ação movida contra a empresa de biotecnologia e a União, dadas as “possíveis falhas apresentadas pela CTNBio em relação ao pedido de desregulamentação da soja RR”. E no dia 21 de agosto o Dr. Prudente ratificava essa liminar, transformando-a em decisão de 1ª instância.
Um novo enfrentamento com a CTNBio deu-se no ano de 2000, por ocasião da ilegal tentativa de importação de milho transgênico. A nova presidente do órgão, a também “confiável” Dra. Leila Oda, defendia a mesma posição do seu antecessor Dr. Barreto. Era sabido que daria parecer favorável à importação do milho-inseticida Bt, mesmo porque era respaldada pela Advocacia-Geral da União da época e pelo próprio governo em peso. Porém o Dr. Prudente se contrapôs a mais essa pretensão.
Inconformada com as decisões judiciais, a Monsanto intensificava a agressiva atividade clandestina de estímulo ao plantio de transgênicos a que se vinha lançando no Rio Grande do Sul, numa operação de aliciamento e corrupção. Visava criar uma situação de fato que lhe permitisse argumentar que, como o cultivo das sementes proibidas já estava se realizando de qualquer forma, era melhor liberá-lo! Para isso, se levaria em conta apenas a aprovação irregular pela CTNBio, ignorando a sentença da Justiça em contrário...
A diplomacia norte-americana se manifestava em apoio à empresa. Assim, em maio de 2000, o então embaixador Anthony Harrington, em entrevista à imprensa, aconselhava piedosamente o Brasil a aceitar os “avanços da ciência”.
Com as opções mundiais favorecendo o Brasil, intensificava-se a pressão sobre o nosso país, cujo produto natural fazia concorrência expressiva ao geneticamente modificado. Pretendia-se nivelar-nos aos demais produtores de alimentos rejeitados.
Na verdade, desde o momento em que a Monsanto começou a estimular criminosamente a utilização clandestina de suas sementes, a opinião esclarecida já alertava para o fato de que cabia ao poder público ao qual compete a visão de conjunto evitar o desastre. Tratava-se, como medida de defesa nacional, de não permitir, além dos riscos ao nosso agroecossistema, que a economia agrícola do país, especialmente as exportações, fosse lesada pela perda de credibilidade em mercados que dão preferência à soja natural.
Ocorreu, porém, que logo ao tomar posse no primeiro mandato, o governo Lula se viu acuado por intensa campanha pró-transgênicos, desencadeada pelos lobistas e seus aliados. Com sofismas, aludia-se à defesa da ciência e da biotecnologia, embora o alvo imediato dissesse respeito à liberação da safra clandestina do Rio Grande do Sul.
Quanto ao ministro Roberto Rodrigues, da Agricultura, não tardou a ficar nítida sua posição com respeito à matéria. Assim, pelo cargo ocupado, contribuiu para que fosse editada a Medida Provisória 113 (aprovada na Câmara dos Deputados em 15 de maio de 2003), que permitiu a comercialização da soja transgênica até o início de abril de 2004.
A escalada prosseguia, não tardando a ser editada nova MP, de n. 131, autorizando o plantio de sementes transgênicas (restantes de aquisição anterior) para nova safra, e com abrangência para todo o país.
Preocupados com a contaminação que o trânsito dessas sementes por suas regiões provocaria, alguns estados com lavouras de maior produtividade, com destaque para o Paraná, passaram a colocar em prática medidas de precaução. Ao mesmo tempo, à revelia do ministro da Agricultura, o governador Requião anunciava o louvável intuito de transformar seu estado em área livre de transgênicos.
Em sentido contrário e isolados, os agricultores gaúchos prometiam continuar suas práticas , inclusive utilizando o glifosato (princípio ativo do herbicida Roundup) de maneira irregular e excessiva, embora à custas da saúde dos trabalhadores rurais e dos consumidores.
Quanto ao ministro da Agricultura, empenhava-se em tentar “legalizar a ilegalidade”.
Além disso, no curso dos entendimentos, o governo se comprometia a enviar logo ao Congresso um projeto de lei que trataria da política brasileira com relação ao cultivo e comercialização de transgênicos , à biossegurança e à competência da CTNBio. A mídia favorável à Monstanto exultou com esse compromisso que, diversamente, se pronunciava ameaçador para os defensores do interesse nacional.
Com efeito, a Lei de Biossegurança (sancionada em março de 2005), já durante o período de discussão do projeto se mostrava visivelmente orientada no sentido do fortalecimento dos poderes da CTNBio.
De fato, os lobbies esperavam que, com a promulgação da Lei de Biossegurança, desapareceriam quaisquer entraves à aprovação dos produtos que defendiam; para isso contavam com os votos dos seus representantes na CTNBio.
Ou seja, pretendem que o órgão atue como mero homologador das liberações solicitadas.
Mas, de repente, descobriram que não é bem assim. E, insatisfeitos, se arregimentam para uma batalha a fim de alterar o formato da CTNBio.
Para começar, desagrada-lhes que no colegiado estejam representados aqueles cuja opinião acerca dos organismos geneticamente modificados difere da deles. Já os pró-transgênicos são os únicos que lhes merecem a designação de cientistas.
Em aparente contradição, foram exatamente estes últimos que contribuíram para a falta de quórum, impeditiva à realização das sessões. E com base nesses fatos, além de “denunciar” que a CTNBio “estava parada”, passaram a justificar as ausências a seu modo: não havia razão para os auto-denominados (e com exclusividade!) cientistas, suportarem a freqüência a sessões “ideológicas”...
No caso da avaliação do milho transgênico Liberty Link, produzido pela Bayer Cropscience (e resistente ao glufosinato de amônio, princípio ativo do herbicida a ser empregado), foi necessário argumentar que o instrumento de participação da sociedade civil estava previsto na Lei de Biossegurança, para que o colegiado admitisse a audiência pública solicitada.
O representante do Ministério do Meio Ambiente, por exemplo, questionava o limite da aplicação do herbicida no grão, a ser obedecido para não prejudicar a saúde humana. Cautelas como essa vêm sendo consideradas como “exigências da CTNBio”, que podem atrasar liberações...
Recentemente, a CTNBio rejeitou o pedido de liberação de uma vacina transgênica para suínos, da multinacional Schering-Plough. Inconformado, o presidente do colegiado, o médico bioquímico Walter Colli, manifestou seu desagrado. No entanto, como observou o geneticista Rubens Nodari, seu colega, a União Européia também não aprovara essa vacina além de existirem outras, convencionais. O caso é que, segundo Nodari, não havia dados científicos suficientes para sustentar uma decisão favorável.
Por tudo isso, para facilitar e “agilizar” o processo de liberação de transgênicos, os que apoiam o lobby estão intensificando a campanha visando a redução do número de membros da Comissão Técnica Nacional de Biossegurança, ou do quórum mínimo necessário para a aprovação.
Além disso se contrapõem, por considerá-la especialmente intolerável, à determinação manifestada pela subprocuradora-geral da República, Sandra Cureau, de discutir na Justiça eventuais liberações comerciais pela CTNBio, sem a realização de estudos de impacto ambiental no Brasil.
Contudo, a procuradora exige apenas o cumprimento do disposto no inciso IV do artigo 225 da Constituição de 1988, retomando a luta iniciada pelo magistrado Dr. Souza Prudente que, em 1999, acolheu o parecer do Ministério Público contrário à empresa de biotecnologia e à irregular decisão da CTNBio.
*Paula Beiguelman, Professora Associada da USP
A polêmica continuará - CNTBio
http://www.agenciacartamaior.com.br/templates/colunaMostrar.cfm?
coluna_id=3488
Pergunte na CTNBio (Comissão Técnica Nacional de Biossegurança) quais os métodos que eles utilizam para avaliação de riscos para liberação comercial de transgênicos e você verá que estes ainda estão por serem desenvolvidos.
Por Gabriel Fernandes
Outro dia uma repórter me ligou querendo entender porque a questão dos transgênicos é tão polêmica. Disse-me que tinha acabado de entrevistar alguns pesquisadores e que estes haviam lhe garantido que os transgênicos são seguros e inclusive muito mais testados que qualquer outro alimento. Você também já deve ouvido esta afirmação por aí.
Seria ótimo se de fato essa e outras novas tecnologias fossem devidamente testadas antes de serem introduzidas no meio ambiente e na nossa alimentação. Mas, se testes independentes foram feitos, onde estarão? Como foram feitos e onde estão publicados? E ainda, será que o biotecnólogo é quem detém o instrumental metodológico mais adequado para formular e testar hipóteses sobre os riscos dos transgênicos que eles próprios desenvolvem?
Aliás, será que a transgenia é tão nova assim? Há inclusive pessoas que usam o termo “moderna biotecnologia” para se referir aos transgênicos. Já na década de 1970, os primeiros transgênicos foram criados. Sua comercialização veio em meados da década de 1990. O que se passou nesse intervalo? Será que foi nesses anos todos então que os exaustivos estudos sobre a segurança dos transgênicos foram realizados?
Difícil. Estima-se que apenas 3% de todo o orçamento usado no mundo para pesquisa na área de biodiversidade seja destinado a pesquisas independentes de biossegurança (ou biorrisco, termo que seria mais adequado). Ademais, ainda estão sendo debatidos e formulados os métodos e as técnicas para se avaliar os impactos dos transgênicos.
Pergunte na CTNBio (Comissão Técnica Nacional de Biossegurança) quais os métodos que eles utilizam para avaliação de riscos para liberação comercial de transgênicos e você verá que estes ainda estão por serem desenvolvidos. Mesmo assim, a maioria dos membros da Comissão acha razoável primeiro liberar e depois discutir os critérios internos para julgar um pedido de liberação.
Vale destacar que, entre a década de 1970 e os dias de hoje, dois movimentos principais ocorreram no setor de sementes. Primeiro o de fusão, em que empresas de agrotóxicos e fármacos passaram a atuar também no ramo de sementes. A entrada no novo setor se deu principalmente pela compra das empresas já existentes (pequenas, médias e grandes). Com isso veio o segundo movimento, de concentração, através do qual a grande maioria das sementeiras nacionais (em quase todos os países) foi parar em mãos de um reduzido grupo de empresas multinacionais.
No início da década de 1980, a Monsanto, por exemplo, não estava presente no setor de sementes. Hoje ela é a maior do ramo e em período razoavelmente curto passou a controlar um acervo genético considerável.
Ao mesmo tempo em que se consolidava o controle oligopólico do mercado de sementes/agrotóxicos, dois outros elementos não menos importantes mantiveram os transgênicos em estado de espera até meados dos anos 90. Um diz respeito à criação e/ou modificação das leis nacionais de propriedade intelectual e de sementes para garantir o “patenteamento” de determinadas formas de vida e os direitos e remuneração dos melhoristas. Aí o lobby correu e corre solto.
As sementes como tais não podem ser patenteadas, mas alguns processos da produção de transgênicos, sim. Como resultado, as sementes transgênicas sofrem o que se chama de patenteamento virtual. O elemento faltante a ser citado é a entrada do capital de risco no setor, disposto a investir no negócio da modificação genética e nas empresas de biotecnologia.
Mesmo após terem avançado sobre o setor de sementes, a divisão de agrotóxicos continuou a ser o carro-chefe dessas empresas. Alguns herbicidas campeões de venda, como o Roundup (glifosato), estavam com suas patentes em vias de expirar, mas a essa altura as empresas já dispunham de sucedânio para a perda do monopólio: sementes transgênicas patenteadas e geneticamente modificadas para o uso combinado com os agrotóxicos prestes a caírem no mundo dos genéricos.
Tecnologia disponível, mercado altamente concentrado e legislações nacionais e internacionais simpáticas ao direito monopólico de exploração das sementes. Faltava ainda garantir que nenhum governo inventasse processos regulatórios complexos ou exigisse muita transparência na liberação dos transgênicos.
O melhor caminho a ser percorrido seria convencer que os transgênicos são “similares aos alimentos convencionais” e que representam “apenas uma evolução natural do processo de seleção e melhoramento de plantas”. Diz-se também que são feitos pelo homem há milhares de anos, desde o início da agricultura e da domesticação de animais.
Dito e feito. Criaram um conceito que caiu como uma luva, o da “equivalência substancial”. A partir dele, se um transgênico tiver composição química equivalente a de sua contraparte não-transgênica, a segurança dos dois é a mesma. Desde que o conceito foi cunhado nos EUA, até hoje nunca se definiu o que significa ser “equivalente”. Ter uma variação de até 0,5 no teor de proteínas? Ou de até 5%? Ou 0,002 mg no teor de cálcio? Quem sabe? Além disso, ainda que um transgênico tenha composição nutricional idêntica a um alimento não-modificado, nunca foi estabelecida sua relação com toxicidade.
Criou-se também o mito de que um gene pode ser recortado, colado, ligado, desligado, enfim, manipulado de forma estável e previsível como uma peça sobre a qual se tem total controle. A idéia de que estes trechos de DNA que codificam proteínas representam uma espécie de entidade prestou serviço ao mercado global, que ganhou novas commodities.
No mesmo sentido, ouve-se muito nessa discussão que o gene tal “é seguro, pois ocorre na natureza”. Porém, um gene sozinho, fora do contexto do organismo, não quer dizer muita coisa. O fato de o gene ser seguro em seu organismo natural, não significa o organismo transgênico que o tenha recebido também seja seguro. Esta extrapolação não é automática.
Além disso, o gene “a” ou “b” usado na produção de um transgênico pode até demonstrar segurança. Acontece que o que se usa são cópias quiméricas e a transferência do gene de uma espécie para outra depende de um vetor, que em geral é extraído de uma bactéria patogênica. Para o “gene” de interesse se expressar no organismo hospedeiro é necessário um promotor, em geral extraído de um vírus também patogênico. E para saber se a modificação genética vingou, usa-se um gene marcador de resistência a antibióticos, também extraído de uma bactéria. Serão todos esses genes também seguros? O que acontece se esses elementos microbianos patogênicos se recombinarem? Ou ainda, e principalmente, será a expressão do conjunto desses elementos no organismo receptor também conhecida e segura? E será o comportamento desse organismo em um dado ecossistema previsível e estável?
Por ora, essas respostas não foram dadas. E enquanto ouvirmos por aí afirmações de que não há problema nenhum, a polêmica continuará.
é agrônomo e assessor técnico da AS-PTA (Assessoria e Serviços a Projetos em Agricultura Alternativa)
Ciência ou cartório? Artigo de VIDAL SERRANO JUNIOR e ANDREA LAZZARINI SALAZAR
TENDÊNCIAS/DEBATES
Após dois anos de sua aprovação e sanção, é positivo o balanço da Lei de Biossegurança?
NÃO
Ciência ou cartório?
VIDAL SERRANO JUNIOR e ANDREA LAZZARINI SALAZAR
DESCONSIDERANDO os argumentos de 87 organizações, de 88 parlamentares e da ministra do Meio Ambiente, o presidente Lula aceitou mudar a Lei de Biossegurança para facilitar a liberação de transgênicos.
Antes, eram necessários 18 votos dos 27 membros da CTNBio (Comissão Técnica Nacional de Biossegurança) para autorizar o plantio em grande escala, a comercialização e o consumo de uma espécie transgênica. Agora, são necessários apenas 14.
Significa que, ainda que 13 cientistas -quase a metade do grupo- justifiquem tecnicamente a rejeição, sustentando, por exemplo, haver riscos graves à saúde, o produto será aprovado para consumo humano. Será que o Congresso Nacional e o presidente Lula sabem mesmo o que fizeram?
As notas taquigráficas das reuniões da CTNBio têm revelado a forma simplista como os trabalhos são conduzidos, e as decisões, tomadas.
Os processos que estão na iminência de aprovação impressionam pela falta de referências a estudos independentes e submetidos à "peer review". A fragilidade dos argumentos apresentados pelas empresas ficou patente em audiência pública nesta semana. Os questionamentos feitos não foram respondidos, tornando inaceitável qualquer decisão.
O Idec (Instituto Brasileiro de Defesa do Consumidor) acompanha esse assunto há mais de uma década e vem questionando a existência de benefícios associados a essa tecnologia. O certo é que os transgênicos que estão na pauta de liberação só interessam às grandes empresas de biotecnologia, sem nenhum benefício para a sociedade. Mesmo para os agricultores, que hoje acreditam no marketing da indústria, os aparentes benefícios imediatos escondem os impactos óbvios da maior dependência em relação às empresas devido à compra de sementes patenteadas e de mais agrotóxicos no futuro próximo.
O Idec defende a avaliação rigorosa de riscos à saúde e ao meio ambiente.
A falta de estudos científicos independentes tem sido a tônica. Alimentos transgênicos têm sido autorizados baseados na falsa premissa de que são substancialmente equivalentes aos convencionais. Assim, a soja transgênica Roundup Ready seria o mesmo que a soja natural, o milho transgênico Liberty Link seria equivalente ao milho natural e assim por diante.
Parece, mas não é. Por exemplo, o milho Liberty Link carrega consigo um gene de resistência a antibiótico, contrariando recomendações de OMS/FAO, Comissão Européia, Royal Society, Academia Nacional de Ciências, entre outros. Usa também um gene extraído de uma bactéria que não faz parte da nossa cadeia alimentar e pertence a um gênero que causa doenças em plantas e animais.
A ausência de efetiva avaliação de risco com fundamento na equivalência substancial é uma omissão perigosa que pode causar danos irreversíveis. O Idec acredita que a nova dinâmica de liberações comerciais recém-definida transformará a CTNBio num cartório de liberação de transgênicos.
Para minimizar as pressões de um setor poderosíssimo, é necessária a construção de uma sólida política de biossegurança, sedimentada em princípios que regem o Estado democrático de Direito, como a soberania nacional, o bem-estar da população, a precaução, a transparência e o respeito a bens maiores, a saúde, o meio ambiente e a vida das presentes e futuras gerações -consagrados e protegidos pela Constituição Federal de 1988.
Em dois anos da lei, houve intensa produção da comissão em estímulo à pesquisa. Foram elaboradas normas, aprovados 155 experimentos, autorizados CQBs e relatórios. Mesmo assim, as empresas conseguiram convencer de que "nada funciona", pois seus pedidos de liberação comercial não foram autorizados ainda. Retrocedemos ao mudar o quórum.
Mas, para o governo Lula, cego pela bandeira do crescimento a qualquer custo, a biossegurança parece ser um entrave. Assim, de governo em governo, ano após ano, ficamos mais distantes da concretização da tão necessária política de biossegurança.
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http://www.aspta.org.br/por-um-brasil-livre-de-transgenicos/artigos/ciencia-ou-cartorio-
artigo-de-vidal-serrano-junior-e-andrea-lazzarini-salazar
Equivalência substancial - um conceito mais comercial que científico
substancial-um-conceito-mais-comercial-que-cientifico
Mostrar que um alimento geneticamente modificado é quimicamente similar ao seu equivalente natural não constitui evidência adequada de que ele é seguro para o consumo humano. E é com base neste enfoque da equivalência substancial que as plantas transgênicas vêm sendo liberadas em diferentes países, inclusive no Brasil.
Para além da “equivalência substancial”
Erik Millstone, Eric Brunner e Sue Mayer
Revista Nature, 07 de outubro de 1999
Mostrar que um alimento geneticamente modificado é quimicamente similar ao seu equivalente natural não constitui evidência adequada de que ele é seguro para o consumo humano
Todas as vezes em que foi concedida aprovação oficial à introdução de alimentos geneticamente modificados (ou transgênicos) na Europa ou nos Estados Unidos, os comitês reguladores invocaram o conceito da “equivalência substancial”. Isto significa que se um alimento transgênico puder ser caracterizado como substancialmente equivalente ao seu antecedente “natural”, pode-se assumir que ele não representa novos ricos à saúde e portanto é aceitável para uso comercial. À primeira vista a abordagem pode parecer plausível e encantadoramente simples, mas acreditamos que ela é mal orientada e deveria ser abandonada em favor de outra que inclua testes biológicos, toxicológicos e imunológicos ao invés de simples testes químicos.
O conceito da equivalência substancial nunca foi adequadamente definido; o grau de diferença entre um alimento natural e sua alternativa transgênica até que suas “substâncias” deixem de ser aceitas como “equivalentes” não está definido em nenhum lugar, assim como não existe uma definição exata acordada por legisladores. É exatamente esta imprecisão o que torna o conceito tão útil à indústria, mas inaceitável aos consumidores. Além disso, a confiança dos tomadores de decisão no conceito da equivalência substancial funciona como uma barreira para a realização de pesquisas mais aprofundadas sobre os possíveis riscos do consumo de alimentos transgênicos.
Ingestão diária aceitável
O conceito da equivalência substancial surgiu em resposta ao desafio enfrentado por autoridades reguladoras no início da década de 1990. Empresas de biotecnologia haviam desenvolvido diversos alimentos transgênicos e, para reassegurar seus clientes, queriam aprovação oficial à sua introdução no mercado. Mas estatutos governamentais não cobriam alimentos transgênicos e tampouco estabeleciam competências para a regulamentação dessas inovações. A legislação poderia ser emendada, mas isto não resolveria o problema central de como avaliar os riscos. Uma solução óbvia àquela altura seria os legisladores darem aos alimentos transgênicos o mesmo tratamento dado aos novos compostos químicos, como medicamentos, agrotóxicos e aditivos alimentares, e requererem das empresas a condução de uma série de testes toxicológicos dos quais se poderia obter evidências para a determinação de níveis de “ingestão diária aceitável” (IDA). Regulamentações poderiam então ter sido introduzidas para assegurar que níveis de IDA nunca (ou raramente) fossem excedidos.
Do ponto de vista da indústria de biotecnologia, esta abordagem teria tido dois principais incovenientes. Primeiro, as empresas não queriam ter que conduzir experimentos toxicológicos, que atrasariam o acesso de seus produtos ao mercado por pelo menos cinco anos, e acrescentariam aproximadamente U$ 25 milhões por produto em custos de pesquisa e desenvolvimento. Segundo, por definição, o uso de níveis de ingestão diária aceitável teria restringido os alimentos transgênicos a um papel marginal na dieta. Um nível de IDA é geralmente definido como um centésimo da dose mais alta constatada como não prejudicial a animais de laboratório. Assim, mesmo se animais de laboratório não mostrassem efeitos adversos com uma dieta constituída exclusivamente do material testado, a ingestão humana ainda seria restrita a 1% da dieta. As empresas de biotecnologia querem comercializar alimentos básicos transgênicos, como grãos, feijões e batatas, que individualmente poderiam representar até 10% da dieta humana, e coletivamente fornecer mais da metade da ingestão de alimentos de uma pessoa.
A adoção do conceito da equivalência substancial pelos governos dos países industrializados funcionou como um sinal às indústrias de alimentos transgênicos de que, desde que as empresas não tentassem comercializar alimentos transgênicos que tivessem uma composição química gritantemente diferente daquela de alimentos já presentes no mercado, seus novos produtos seriam liberados sem qualquer teste toxicológico ou de segurança. O conceito da equivalência substancial também visava tranqüilizar os consumidores, mas não está claro se ele serviu, ou pode servir, a este propósito. Embora testes toxicológicos e bioquímicos e sua interpretação sejam notoriamente problemáticos e contestados, além de serem demorados e caros, eles podem fornecer informações essenciais à proteção dos consumidores [1].
Cercando por ambos os lados
O desafio de como lidar com a questão do risco de se consumir alimentos transgênicos foi inicialmente enfrentado em 1990, em um encontro internacional da FAO/ONU (Organização para a Agricultura e Alimentação / Organização das Nações Unidas) e da OMS/ONU (Organização Mundial de Saúde / ONU), que contou com a participação de representantes oficiais e da indústria, mas não de consumidores [2]. O relatório do painel da FAO/OMS proporciona uma leitura intrigante, porque o que ele deixa de mencionar é tão importante quanto o que é discutido. Ele não usa o termo “equivalência substancial” e nem menciona níveis de Ingestão Diária Aceitável. Ele sugere que os alimentos transgênicos são singulares em alguns aspectos importantes, mas então afirma que eles não são de maneira nenhuma diferentes – são apenas produzidos por extensões marginais de técnicas tradicionais. Estas inconsistências são inevitáveis, considerando que as indústrias queriam argumentar tanto que os alimentos transgênicos eram suficientemente diferentes para requerer nova legislação e uma profunda revisão das regras sobre direitos de propriedade intelectual de modo a permitir-lhes patenteá-los, como também argumentar que eles não eram tão diferentes de modo que não poderiam introduzir novos riscos à saúde pública ou ao meio ambiente.
As empresas de biotecnologia queriam que os reguladores governamentais as ajudassem a convencer os consumidores de que seus produtos eram seguros, e ainda queriam que os obstáculos regulatórios fossem os mínimos possíveis. Os governos queriam que a regulamentação de alimentos transgênicos tivesse uma abordagem que pudesse ser acordada internacionalmente e que não inibisse o desenvolvimento das empresas de biotecnologia em seus países. O comitê da FAO/OMS recomendou, então, que os alimentos transgênicos deveriam ser tratados analogamente aos seus antecedentes não transgênicos e avaliados essencialmente pela comparação dos dados sobre sua composição com os dados de seus antecedentes naturais, de modo que se pudesse considerá-los similarmente aceitáveis. Apenas se existissem diferenças de composição evidentes e importantes é que seria apropriado requerer outros testes, o que seria decidido em avaliações caso a caso.
Infelizmente, os cientistas ainda não são capazes de predizer com segurança os efeitos bioquímicos ou toxicológicos de um alimento transgênico a partir do conhecimento de sua composição química. Por exemplo, um trabalho recente sobre a genética de variedades comerciais de uva mostrou que, apesar do conhecimento detalhado sobre a química e o sabor de uvas e vinhos existente há séculos, a relação entre a genética das uvas e o seu sabor ainda não é compreendida [3]. Da mesma maneira, a relação entre genética, composição química e riscos toxicológicos permanece desconhecida. Confiar no conceito da “equivalência substancial” é portanto apenas uma ilusão: é como simular a existência de bases adequadas de julgamento para decidir se os produtos são ou não seguros.
Os resultados dos experimentos de Arpad Pusztai com batatas transgênicas e sua interpretação permanecem uma questão controversa (ver Nature 398, 98; 1999), mas sua hipótese inicial era a de que as batatas transgênicas seriam substancialmente equivalentes às batatas não transgênicas. Pusztai interpretou seus resultados ainda não publicados como indicativos de que as batatas transgênicas manifestaram efeitos bioquímicos e imunológicos adversos, que não poderiam ter sido previstos a partir do que era conhecido sobre sua composição química. Os tipos de experimentos que ele conduziu não são legalmente exigidos e portanto não são rotineiramente conduzidos antes que alimentos transgênicos sejam introduzidos na cadeia alimentar.
Fracasso em definir “equivalência substancial”
O conceito da equivalência substancial foi introduzido em 1993 pela OECD [4] e foi subsequentemente endossado em 1996 pela FAO e pela OMS. Dada a importância que o conceito veio a alcançar, é notável que ele permaneça tão mal definido e que tão pouca atenção seja dada a este fato. O documento da OECD atesta:
“Para alimentos e componentes alimentares provenientes de organismos desenvolvidos pela aplicação da biotecnologia moderna, a abordagem mais prática para a decisão é analisar se eles são substancialmente equivalentes a produtos alimentares análogos, se tais existirem.... O conceito da equivalência substancial concretiza a idéia de que organismos existentes usados como alimentos, ou como fontes de alimentos, podem ser usados como base para comparação quando da avaliação da segurança do consumo humano de um alimento ou de um componente alimentar que tenha sido modificado ou que seja novo.”
Isto foi o mais próximo de uma definição oficial sobre equivalência substancial a que se chegou, mas a definição é vaga demais para servir como uma referência para política de saúde pública.
A soja transgênica tolerante ao glifosato ilustra como o conceito foi usado na prática. A composição química desta soja é, obviamente, diferente daquela de todas as variedades de soja antecedentes, caso contrário ela não seria patenteável e não resistiria à aplicação do glifosato. É muito fácil distinguir, em laboratório, as características bioquímicas específicas que fazem estas plantas diferentes. A soja resistente ao glifosato, no entanto, foi considerada substancialmente equivalente às variedades de soja não transgênica ao se assumir que as diferenças genéticas e bioquímicas conhecidas são toxicologicamente insignificantes e focando-se, ao invés disso, em um grupo restrito de variáveis de composição, como as quantidades de proteínas, carboidratos, vitaminas e minerais, aminoácidos, ácidos graxos, fibra, cinza, isoflavonas e lecitinas. A soja tolerante ao glifosato foi considerada substancialmente equivalente porque similaridades suficientes aparecem para estas variedades selecionadas.
Mas este julgamento não é confiável. Embora nós saibamos há cerca de dez anos que a aplicação de glifosato na soja altera significativamente sua composição química (por exemplo, o nível de componentes fenólicos como isoflavonas [5]), a soja resistente ao glifosato usada nos testes de composição cresceu sem a aplicação de glifosato [6]. Isto apesar do fato de que as lavouras comerciais de soja tolerante ao glifosato seriam sempre tratadas com o produto para eliminar plantas invasoras. Os grãos testados eram, portanto, de um tipo que jamais seria consumido, enquanto aqueles que seriam consumidos não foram avaliados. Se a soja tolerante ao glifosato tivesse sido tratada com o agrotóxico antes da análise de sua composição química, teria sido mais difícil sustentar a reivindicação de equivalência substancial. Existe um debate na comunidade científica sobre se tais alterações na composição química são desejáveis ou indesejáveis, mas esta é uma questão que permanece não resolvida e que foi negligenciada por aqueles que consideraram a soja transgênica tolerante ao glifosato substancialmente equivalente à soja não transgênica.
Limitações confessas
Apenas uma organização oficial reconheceu algumas das limitações do conceito da equivalência substancial. Uma equipe do governo alemão admitiu que “análises sobre a composição... como um método de triagem para efeitos não esperados... de modificação genética têm suas limitações... em particular com respeito a anti-nutrientes e toxinas naturais desconhecidas”, e deu uma pista tentando explorar algumas alternativas [7]. A equipe alemã aceita que comparações com dados crus sobre a composição de organismos correspondentes fornecem uma triagem muito fraca sobre a introdução de acasos genéticos, bioquímicos, imunológicos e toxicológicos, e sugere uma triagem mais fina para testar as diferenças em algumas das variáveis biológicas relevantes, como análise de DNA, transcrição de RNA mensageiro, transcrição de proteína, descrição de metabólitos secundários e testes de toxicidade in vitro. Se o uso de uma triagem tão fina revelasse que um alimento transgênico contivesse um grau relevante de diferença, então a recomendação de estudos mais aprofundados seria ainda mais forte, e tais estudos poderiam se beneficiar das pistas indicando que hipóteses valeriam mais a pena ser investigadas.
A equivalência substancial é um conceito pseudo-científico porque é um julgamento comercial e político mascarado de científico. Ele é, além disso, inerentemente anti-científico, porque foi criado primeiramente para fornecer uma desculpa para não se requererem testes bioquímicos e toxicológicos. Ele ainda serve para desencorajar e inibir pesquisas científicas potencialmente informativas. O caso da soja transgênica tolerante ao glifosato mostra, mais ainda, que o conceito da equivalência substancial está sendo mal aplicado dentro dos processos regulatórios, mesmo em seus próprios termos. Se os tomadores de decisão estão aí para garantir a proteção adequada dos consumidores e verdadeiramente tranqüilizá-los, então o conceito da equivalência substancial deve ser abandonado, ao invés de meramente aprimorado. Ele deve ser substituído por uma abordagem prática que investigue ativamente a segurança e a toxicidade dos alimentos transgênicos, ao invés de simplesmente confiar neles, e que possa realmente levar em consideração princípios de saúde pública, assim como interesses industriais.
Autores:
Erik Millstone, (SPRU) Science and Technology Policy Research, Mantell Building, Sussex University, Brighton BN1 9RF
(E-mail e.p.millstone@sussex.ac.uk);
Eric Brunner, Department of Epidemiology and Public Health, University College, 1-19 Torrington Place, London WC1E 6BT;
Sue Mayer, GeneWatch UK, The Courtyard, Whitecross Road, Tideswell, Buxton, Derbyshire SK17 8NY
Referências:
[1] 'The ADI Debate', Appendix I de ‘Food additives and the consumer', European Commission, 1980, pp. 41-3.
[2] Strategies for assessing the safety of foods produced by biotechnology, WHO, Geneva, 1991.
[3] Bowers, J. et al. Science 285, 1562-1565 (1999).
[4] Safety Evaluation of Foods Derived by modern biotechnology. OECD, Paris, 1993.
[5] Lydon, J. & Duke, S.O. Pesticide Science 25, 361-374 (1989).
[6] Padgette, S. R. et al. Journal of Nutrition 126, 702-716 (1996).
[7] Kuiper, H. A. et al. Food Safety Evaluation of Genetically Modified Foods as a Basis for Market Introduction (Ministry of Economic Affairs, The Hague, 1998).




